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MANOLO EN EL RECUERDO

Manolo Rodríguez Casanueva acaba de morir y lo siento muchísimo. Fue un gran amigo de mi padre y, por extensión, de mi familia. Sé que hablo por todos nosotros, un dolor compartido.

Recuerdo haber oído su nombre por vez primera hace cerca de cuarenta años: “esto lo publica mi amigo Manolo”, me decía orgulloso mi padre con un Euroletter en la mano, unas pocas páginas de corte político y confidencial repletas de noticias, rumores, dimes y diretes, que leían con avidez los protagonistas de aquella España de finales de los setenta, en plena Transición.

Poco después me lo presentaría y tendría el privilegio de conversar con él. No es un asunto menor: que un hombre que estaba al tanto de mucho de cuanto sucedía en los entramados del poder, acostumbrado a un elevadísimo nivel de interlocución fuese capaz de sentarse a charlar con un chaval como era yo entonces, a rebatir o matizar sus puntos de vista, es algo absolutamente singular. Pero es que esa capacidad de empatía, de tender puentes entre las más dispares orillas, de conectar con tirios y troyanos estaba presente en el ADN de Manolo, una cualidad intrínsecamente suya. De hecho, de este modo consiguió alguno de sus mayores logros facilitando conversaciones y acuerdos entre políticos, sindicalistas, empresarios, ypersonalidades de muy variado pelaje.

Luego vendría Euroforum y, a mediados de los ochenta, los cursos de verano en El Escorial, otra genialidad suya. Y siempre con el mismo propósito: acercar, poner en contacto, estrechar lazos, unir inteligencias, culturas. Lo más granado del mundo intelectual, empresarial y cultural, pasaba por sus cursos, y así conseguía que destacados ponentes -recuerdo en una de mis estancias varios premios novel, entre otros ilustres- convivieran con los alumnos durante una semana.

Después, y a lo largo de toda su existencia, siguió concibiendo proyectos, llevándolos adelante, siempre innovadores, siempre integradores, siempre primando sus valores y su modo de entender la vida frente a otras consideraciones acaso más mercantilistas. Esa altura moral quedó patente en su forma de hacer y reflejada en aquellos de quienes se rodeó.

Su último hallazgo, “Foro de Foros”, sigue fiel a esta línea tan propia de Manolo, tan distintiva de alguien que nunca dejó de emprender, de hacer cosas bien y buenas.

Por desgracia, personas de su talla no abundan. Te echaremos de menos.

Javier García-Egocheaga Vergara

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